La Estrella fugaz,

como madre consejera,

dice con su dulce voz.

 

 - Yo le concederé un deseo,

    si la Sirena un cántico da,

    en nombre de la noche,

    por ser reina de la oscuridad.

 

    La noche será día,

    pisara tierra fría,

    para ver a su amor en tierra,

    pero..., solo en luna llena.

 

Una estrella baja veloz,

y le cuenta a la sirena,

lo que debe hacer,

para que su cántico,

llegue a la Estrella.

 

La Sirena enloquece,

de alegría en su mar,

no sabiendo la desdichada,

de ese deseo..., que le dañara.

 

La marea alta llega,

con ella la luna nueva,

ella se embellece,

para que su oda a los cielos llegue.

 

 - Estrellas limpias,

   estrellas relucientes,

   de amor estáis repletas,

   de pasión resplandecientes.

 

   Sois la luz de la noche,

   la cara bella del amor,

   quien alimenta mis cantos,

   esperando vuestro Don.

 

La Estrella fugaz,

concede el deseo,

a la Sirena enamorada,

sin saber ella, que  la Estrella,

le concedía también la vida eterna,

para que jamás pueda envejecer.

 

Tanto le gusto la oda,

que quería escucharla a todas horas.