Tras los cánticos de la Sirena,

ellos se van amar,

en un lecho fino o en el mar,

en ese gran edén,

que la Luna les ha construido,

para vivir del amor.

 

La Estrella como alma en pena,

seguirá por la eternidad,

castigada a seguir,

dado deseos sin vacilar.

 

Escuchando los cánticos,

de la Sirena recitar,

sabiendo que ya no son para ella,

por no conceder que la pareja,

viviera en tierra su gran edén.

 

Ella llora de pena,

tras ella su estela deja,

prometiendo no volver,

hacer la desdicha de nadie,

ni a dejar a nadie padecer.

 

Ahora el celeste es precioso,

y cuando se quieren amar,

el Sol levanta brumas,

para que nadie les pueda molestar.

 

Así cubre su reino,

en su estricta intimidad.

 

Pero la brisa pilla,

seductora por demás,

dice entre sonrisas.

 

  -¡Ehiiiii! que se están amando...,

   a toda intensidad.

 

Dejando llevar en sus aires

el aroma a sal.