No soy caballero...,

soy de la corte,

soy su Rey,

y princesa la proclamo,

si soy digno de su corazón.

 

Soy triste y solitario,

que como trovador canto,

por encontrar mi legado.

 

Se mi princesa querida,

yo tu príncipe seré,

volaremos en mi corcel alado,

llevándote a nuestro reinado.

para culminar regándote con mi amar.

 

Majestad, no soy digna,

pero cuando le vi llegar,

una Musa a mis oídos,

me obligo a preguntar...

 

Alegándome que una estrella,

estaba surcando la mar,

y en la bruma de las olas,

un escrito le hizo llegar..

 

En su estela plateada,

la guió sin vacilar,

a que me acercara a vos,

o un maleficio recaería,

y la felicidad le seria desdicha.

 

Mi princesa soñada,

eres tu mi Musa,

tierna mirada inocente,

que hace palpitar mi corazón.

 

Deme el si señora mía,

deme el si por Dios,

que a sus pies  postro,

mi ser, mi reinado y yo.

 

No temo a habladurías,

ni a brujas escondidas,

la estrella del amor la llamo,

y como mensajera a la musa mando.

 

Dios le salve mi gran Rey,

y esta reverencia en su honor,

pero no soy digna de usted,

ni de tal estrella de amor.

 

No tengo tierras ni reino,

ni un lecho donde recostar,

vivo en la aldea,

duermo bajo un soportal.

 

Pues princesa mía,

se termino tu caminar,

deja que limpie tus mejillas,

no por favor, no llores más.

 

Sube a nuestro corcel,

que a palacio vamos a llegar,

para alimentarte de mi dicha,

del amor de mi corazón,

y en nuestra alcoba...,

te regare con pasión.

 

Así se marcha la pareja,

y la bruja sale al  exterior,

para dar alas al corcel,

y que vuelen a un mundo mejor.

  sigue,

y van pintando tras él,

corazones de plata,

que tras su estela ellas dejan ver.

 

La Musa les canta,

un dulce trovar,

haciendo despertar a la luna,

que sale con toda intensidad.

 

Las nubes mecen a la pareja,

para que desprendan la pasión,

Ya que el Rey de corazones,

encontró a la Musa...

Princesa de su corazón.